Desde el inicio de su gestión, el alcalde Junior Santo ha promovido la colocación de canastos de basura en distintos sectores de Los Alcarrizos, una medida que, aunque en apariencia busca mantener la limpieza, ha terminado generando el efecto contrario.
Con más de 15 años de experiencia municipal, sorprende que una acción con tanta antigüedad no haya sido acompañada de una verdadera política de manejo integral de residuos.
La estrategia, lejos de educar a la ciudadanía en el manejo responsable de la basura, ha contribuido a normalizar la práctica de lanzar desperdicios en cualquier punto de la vía pública.
Con el paso del tiempo, muchos de esos canastos se han transformado de pequeños vertederos improvisados a grandes depósitos de basura fuera y dentro de ellos. La gente deposita allí todo tipo de desechos, sin control ni recogida frecuente, generando malos olores, contaminación y la presencia de animales. Para muestra, un botón: basta observar la esquina de la Calle 8, detrás de la escuela Fe y Alegría, donde un pequeño vertedero improvisado se ha convertido prácticamente en una calle completa cubierta de basura día tras día.

En consecuencia, Los Alcarrizos enfrenta hoy una crisis ambiental silenciosa pero evidente. Los canastos, que debieron ser símbolo de orden y limpieza, se han convertido en puntos de referencia del descontrol urbano. Acostumbrar a la población a lanzar basura en las calles, bajo el pretexto de que “hay un canasto cerca”, solo perpetúa el atraso cultural y la insalubridad. @alcaldialosalcarrizos #losalcarrizos













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